miércoles, 20 de abril de 2016

Rota (antes y después de la corrección)

¡Hola! 
Tras tres meses sin pasarme por aquí he decidido hacer un breve inciso en mi ausencia y pasarme para traer un ejercicio interesante (y excepcional) que me ha apetecido hacer esta tarde. 
Rebuscando en mi viejo ordenador he encontrado una gran cantidad de relatos antiguos de esos que hacen que tengas ganas de ser avestruz para enterrar tu cabeza bajo tierra pero alguna cosa decente he encontrado.  Y más que decente podría decir. Así que he decidido coger ese relato en cuestión y trabajar sobre él para "mejorarlo". La cosa es que cuando he acabado me ha dado remordimientos, ¿por qué? Pues yo creo que principalmente porque ese relato en concreto lo escribí con muchísimos sentimientos a flor de piel, en una situación muy angustiosa para mí y en la que yo realmente no veía un futuro feliz. Y esos sentimientos, en la versión original y sin corregir, eran palpables, y creo que a la hora de corregirlo, aunque he ""aumentado"" un poco la calidad literaria del relato, también creo que ha perdido la gran carga emocional y expresiva que tenía. También la corrección tiene una gran carga emocional, pero es distinta porque mi yo de aquel entonces y mi yo de ahora pese a vivir en los mismos sentimientos, son por razones opuestas y situaciones diferentes. Así que no podí colgar el relato corregido sin más, porque no sería justo para las emociones que yo tenía en ese entonces y decidí plasmar en el papel. Así que voy a dejaros tanto la versión original (faltas de ortografías incluidas) y luego la versión corregida. ¡Disfrutadlas ambas!

Rota
versión original: 17/03/2014

{Rota.
Rota como los cristales.
Siempre estuve rota.}

Mis pies, enfundados en zapatillas, se deslizaban por el suelo, como en un sueño. Aunque ahora sería más apropiado el término pesadilla.
Lenvanté mis pies, con las pocas fuerzas que me quedaban, buscando la sensación de volar. La silla siguió avanzando y con ella yo, su única pasajera.
Todo me sabía a amargos limones, incluso el hecho de respirar. Todo era una misma melodía. Estaba cansada de ella. De todo, en realidad.
La vida me la había vuelto a jugar y esta vez, yo no tenía ningún As en la manga.

{Rota.
Rota como un juguete más.
Yo creía que esto no volvería a pasar}

Todo a mi alrededor perdía el interés, nada conseguía sacarme de mi atmósfera de cansancio, dolor y depresión.
Mis manos temblaban sin razón alguna, sentía como mis articulaciones se adormecían, se volvía pesadas y se cargaban. Mis párpados se cerraban por el cansancio. Cansancio de vida.
En ocasiones solo quería dormirme y despertar cuando todo pasara. Habría sido más fácil así.
La soledad, el aislamiento obligatorio, impuesto por mi situación, hacían que sentimientos viejos volvieran a mí. Viejos amigos y enemigos que conseguían hacerme recordar, y al hacerme recordar, surgieron las preguntas. Viejas preguntas también.

{Rota.
Adj. Que está quebrado o partido en dos o más partes.
Pedazos de mí.}

Las lágrimas pocas veces fluyeron, pero cuando lo hicieron fue intensamente. El miedo apareció, o revivió, después de tanto tiempo y lo hizo de la manera más intensa posible. Lo peor, es que temía a algo que formaba parte de mi ser. Lo peor es que temía a algo que jamás podría eliminar o enfrentarme a él.
La silla paró, se había acabado el pasillo. Eché ambos frenos para evitar que esta se escapara y esperé. Unos brazos me rodearon, agarrándome, yo alcé los míos para sujetarme en el individuo que me prestaba su ayuda y dividí la poca fuerza que le quedaba a mi cuerpo en dos. Parte para las piernas y parte para mis brazos por si las primeras fallaban (que, para ser sinceros, era lo más probable que ocurriera). Sentí como me levantaban con cierta cautela e intenté sostenerme en pie con mis dos piernas. Puse todo mi empeño en ello, sentí como me iba incorporando, como se erguía mi cuerpo y… Y sentí como se doblaban mis piernas, sin fuerza, bajo el peso de mi cuerpo. Como los brazos de mi apoyo humano tiraban de mi. Como intentaba incorporarme, agarrandome con todas mis fuerzas a la otra persona. Por suerte, el sofá estaba cerca. Caí sobre él cual saco de patatas y me arrastré, valiéndome de mis brazos hasta mi lado del sofá.
Ni siquiera podía moverme sola.
No podía hacer nada sola.


Estaba rota.

Rota
versión corregida: 20/04/2016

{Rota.
Rota como los cristales.
Siempre estuve rota.}

Mis pies, enfundados en zapatillas, se deslizaban por el suelo, como en un sueño. Aunque en ese momento lo más apropiado habría sido llamarlo por su verdadero nombre. Pesadilla.
Levanté mis pies, con las pocas fuerzas que me quedaban, buscando la sensación de volar. El aire trucado de un encierro amargo se deslizaba, desganado, por las suelas de mi calzado. Él, en aquel momento, también parecía cansado de todo aquello. Pero la silla siguió avanzando y yo, como su única pasajera, la acompañaba de forma fiel.
Todo tenía sabor a amargo limón, incluso continuar respirando. Todo era una misma melodía, repitiéndose de forma continua hasta el agotamiento. Y ya estaba cansada de ella. De ella y del mundo, en realidad. Había sobrepasado mi límite, ya no había fuerza en mí. Ni fuerza, ni ganas de tenerla, ni de luchar por tenerla. Era demasiado, solamente era demasiado.

{Rota.
Rota como un juguete más.
Yo creía que esto no volvería a pasar}

Todo a mi alrededor perdía el interés y nada conseguía sacarme de mi atmósfera de cansancio, dolor y depresión. No había una luz alumbrando el final del camino, ni tampoco el camino era un lugar oscuro del que deseaba salir. Era… Éramos, en realidad, de un color gris pardo. Repleto de amargura y de desesperanza. Esa fue la primera vez que mi corazón y mi cuerpo dijeron basta al mismo tiempo. No podíamos aguantar más asaltos, no en ese momento.
Mis manos temblaban sin razón alguna, sentía como mis articulaciones se adormecían lentamente, se volvía pesadas y se cargaban. Y mis párpados se cerraban por el cansancio, como si pesaran de la nada miles de toneladas. El mundo que me rodeaba parecía estar repleto de un poderoso cansancio, lleno de cansancio de vida.
En ocasiones solo quería dormirme y despertar cuando todo pasara. Y habría sido más fácil así, puedo jurarlo pero no podía darme el mundo ni siquiera ese pequeño capricho.
Y a soledad, el aislamiento obligatorio, impuesto por mi situación, hacían que sentimientos viejos volvieran a mí. Viejos amigos y enemigos que conseguían hacerme recordar, y al hacerme recordar, surgieron las preguntas. Viejas preguntas también.

{Rota.
Adj. Que está quebrado o partido en dos o más partes.
Pedazos de mí.}

Las lágrimas pocas veces fluyeron, pero cuando lo hicieron fue intensamente. El miedo apareció, o revivió, después de tanto tiempo y lo hizo de la manera más intensa posible. Lo más duro fue que mi miedo iba dirigido a una parte de mí, una parte tan válida como cualquier otra pero que no era capaz de aceptar y contra lo que jamás podría luchar.

La silla paró, se había acabado el pasillo. Eché ambos frenos para evitar que ésta se escapara y esperé. Unos brazos me rodearon, agarrándome, y yo alcé los míos para sujetarme en el individuo que me prestaba su ayuda. Dividí la poca fuerza que le quedaba a mi cuerpo en dos. Parte para las piernas y parte para mis brazos, por si las primeras fallaban (que, para ser sinceros, era lo más probable que ocurriera). Sentí que me levantaban con cierta cautela e intenté sostenerme en pie con mis dos piernas. Puse todo mi empeño en ello, sentí mi cuerpo incorporándose, irguiéndose y… Y sentí como se doblaban mis piernas, sin fuerza, bajo el peso de mi cuerpo. Los brazos de mi apoyo humano tiraron de mí, intentando darme de forma artificial la fuerza que yo no podía generar. Y también sentí mi intento feroz por incorporarme, agarrándome con todas mis fuerzas a la otra persona. Por suerte para ambos, el sofá estaba cerca. Caí sobre él como si no tuviera vida y me arrastré, valiéndome de mis brazos hasta mi sitio favorito.
¿Era necesario explicar algo más? ¿Quizá las nauseas, la decepción, la frustración y el profundo asco que me daba a mí misma? ¿Quizá la rabia, los celos, la angustia que me producía la vida ajena? ¿O quizá el terrible dolor que anidaba en mi pecho, recordándome en cada esfuerzo que por mucho empeño que pusiera, por mucha vida que anhelara y amara, siempre me acompañaría?
¿Es necesario explicar que estaba terrible, terrible y solitaria y desesperadamente rota?

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