martes, 11 de marzo de 2014

Carta a mi futuro asesino

{CARTA A MI FUTURO ASESINO}




12 de Abril de 1949

Querido K,

Hace tanto, tanto tiempo, desde la última vez que nos vimos. La última vez que oí tu voz, entonando aquel triste lamento. La última vez que tome tus manos entre las mías, que entrelazamos nuestros dedos, la última vez que pude aspirar tu olor. Sí, ese olor a laurel y a limpio que siempre traías contigo. Fue la última vez que pude ver tus ojos oscuros. La última vez que pude reírme de tu torpeza. 
Te echo de menos, K, y ahora más que nunca. Hay cosas que desconoces de mi, que por desgracia sé que averiguarás en un futuro no muy lejano, pero también hay tantas cosas que no conoces de ti, K. Me duele decir que demasiadas. Cuando te llegue esta carta lo más seguro es que no entiendas a que viene esto, igual pensarás que estoy loca, que he perdido el juicio. Siento decirte que nunca estuve cuerda y que nunca tuve ningún tipo de juicio… Pero ¡Ah! ¿Qué más dará? Vida solo hay una y la mía, como todas, algún día llegará a su fin. Nunca he temido a la muerte, no lo hago y no lo haré. Va en contra de mis principios, de mis pensamientos, de mi filosofía de vida. Porque… Dime tú, querido K… ¿Qué sentido tiene temer a la muerte, si es ella y no otra, la que nos permite descansar, cerrar los ojos en un sueño eterno después de una larga lucha? ¡Sí, la lucha, la Vida! La vida es la guerra, la vida es la tormenta, la que nos persigue, nos acusa, nos arrincona y nos daña. La que nos acompleja, nos llena de temores, miedos, la que nos obliga a equivocarnos, la que se ríe de nosotros mientras se alza nuestro llanto… Y sin embargo, la seguimos amando. Y la amaremos. Estamos hechos para amar lo que más nos duele y para odiar aquello que no conocemos. Pero, dejémonos de tonterías, de filosofías, de frases idealistas y demás tipos de pensamientos sobre la estupidez humana. Supongo que te seguirás preguntando por qué te escribo. Bien, K, es una pregunta muy buena, pero todavía no la puedo contestar, antes debes leer lo que me habría gustado decirte ese último día. 

Lo que te voy a contar es algo que no he contado a nadie, ni lo contaré nunca, y tú tampoco lo harás. Será un secreto entre ambos. Un secreto que llegado nuestros respectivos días, será lo único que nos una. Porque después de leer esta carta, K, sé que la romperás, con furia, en mil pedazos y la tirarás al fuego mientras las lágrimas nublan tu visión. Lo sé. 
Te quiero, K, te quiero por las cosas pequeñas de la vida, te quiero porque cuando llueve dices que son ángeles llorando de risa, porque aseguras que la gente pelirroja es más capaz de encender el mejor fuego del mundo. Te quiero porque eres como un gato y duermes en cualquier parte, porque odias los sombreros y los pantalones con tirantes. Te quiero porque piensas que todo el mundo es bueno y las malas personas no existen en realidad, porque crees en las hadas y en que cuando la última gota de rocío se evapora, nace una nueva hada. Te quiero porque eres capaz de ser feliz con un palo y una piedra. Y ante todo, K, por encima de todo esto, te quiero porque te quiero y porque te querré hasta el último de mis días y si por desgracia para este mundo, me reencarno… Te seguiré queriendo. 
Sé que para cuando leas estas líneas para ti seré un recuerdo borroso, que ya no verás mis facciones con claridad en tu mente. También sé que habrás oído horrores de mí, de mis acciones, de lo que hice y de lo que haré. Todo aquello que oigas, K, todo lo que leas, todo lo que digan… Quiero que sepas, que probablemente todo es cierto. Menos una cosa, K. Solo habrá una cosa de todo eso que no lo es. ¿El qué? Sencillo, K, nunca, jamás, en ningún momento de mi vida no te he querido. Tenlo presente.

También quiero que sepas que no te juzgo ahora por lo que harás, ni te juzgaré cuando lo hayas hecho porque tienes derecho. Porque siempre lo has tenido y porque siempre lo tendrás. 
Es probable que no quieras leer mis disculpas, que te duelan como puñales y que avivan el odio en ti. Sería normal, natural, y lo comprendo, pero necesito hacerlo, K, necesito que, aunque solo sea una vez, veas mi arrepentimiento.
Lo siento, K, y lo sentiré durante toda mi miserable vida. Siento haberte abandonado, siento no haber estado ahí cuando debería haber estado, siento que mi nombre te complicara tanto la vida. Lo siento profundamente. Lo único que realmente  he deseado en toda mi vida es que seas feliz. Habría dedicado toda mi vida a ello, lo habría hecho y lo haría… Si no fuera quien soy. No estaba hecha para ser madre, ni lo estoy, ni lo estaré nunca, en realidad, aunque te duela, aunque me duela, aunque nos duela… Lo mejor que te podría haber pasado es que te alejaran de mí. Y así lo hicieron. Te dieron una oportunidad, una nueva vida, un alma limpia, algo que nunca habrías tenido a mi lado. 

Y te escribo esta carta, K, sabiendo lo que ocurrirá. Porque en este mundo, K, solo hay una persona capaz de matarme y esa persona no es otra, nada más y nada menos que tú, pequeño. Y lo harás, K, un día no muy lejano me matarás, librarás a este mundo de mí. Estoy deseando que llegue ese día, K, lo tengo todo planeado. Me encontrarás allá donde esté y mi cuerpo, magullado y viejo, se fundirá con la Tierra, para dar lugar a una nueva vida. Y mi alma, sucia e impura, llena de heridas mal cerradas y cuentas pendientes, irá al lugar que le corresponde, un pequeño trozo de infierno. 

Te escribo esta carta a ti, a mi hijo, a mi orgullo, a mi sangre, a mi vida, a mi más grande herida. Te escribo esta carta; a mi fuerza, a mi mayor temor y a mi mayor esperanza.

Te escribo esta carta, a ti, hijo mío…  Mi futuro asesino.

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