domingo, 30 de agosto de 2015

Escaleras

Buenos días,
Hoy os traigo un relato muy especial. Es un relato que surgió de un reto literario que me propuso en mi ask personal Phoebe A. Wilkes (click en el nombre para llegar a su perfil de ask). El reto en cuestión os lo dejó adjuntado también. ¡Click para ver el reto!


Escaleras



A Carmen le gustaban las escaleras. Subir, bajar, saltar… Incluso sentarse en los escalones inferiores de éstas. Le gustaban desde las más simples, hasta las más complejas. De caracol o rectas, escalerillas o suntuosas escaleras. Le gustaba la palabra, cómo se formaba en sus labios, ascendía por el aire y se desvanecía, fundiéndose con el silencio o difuminándose con otras voces. 
Pero no solamente le gustaban las escaleras como tales, le gustaba la gente que las habitaba. En su escalera favorita, había todo tipo de personajes pintorescos. Desde dos mujeres cotillas, que hacían comentarios de todo el vecindario, hasta el típico hombre misterioso que se pasaba todo el día en su piso y contadas eran las veces que salía. Alguien que le gustaba especialmente de esa escalera, era la chica joven que ocupaba un piso en la planta calle, en el cual había montado un pequeño estudio de pintura. Ella se llamaba Julia y era la excepción ante la locura palpitante de aquel edificio. Todos los vecinos normales que habían pasado por la escalera, habían desistido a las dos semanas de intentar vivir allí. Si bien la cordura abunda en el mundo, la escalera favorita de Carmen era una burbuja de locura refrescante y como tal, a nadie le parecía bastante extraño que una niña pequeña que no vivía ahí, correteara por la escalera a sus anchas. 
Muchas veces surgió en la cabeza de Carmen la idea de que su escalera favorita estaba encarcelada en un mundo de incomprensión absoluta, que, sin entender la belleza de la rebeldía, negación a lo común y amor por la contracorriente que recorría los rincones de aquel viejo lugar, sumía a sus habitantes en la humillación cruel y rastrera que se creaba con las bromas y burlas que se generaban cuando no miraban. 
Sin embargo, ajenos a la incomprensión y al odio a lo desconocido que vivía fuera de los últimos peldaños de su escalera, dentro sus habitantes vivían de forma intensa y excéntrica. Con la constante profecía de una futura catástrofe de Magnolia Legnara, con el misterioso señor Pérez, la dulce Julia y las distintas locuras o extrenticidades típicas de las escalera. 
De su escalera y de las locuras que ellos mismos habían decidido vivir.

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