sábado, 10 de enero de 2015

Italo Calvino (Octavia y Moriana)

¡Hola!

Tras mucho (demasiado) tiempo sin dar señales de vida, os traigo dos relatos del autor Italo Calvino y mi opinión personal sobre ellos. Espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones y hayáis empezado bien el año.

Octavia


Si queréis creerme, bien. Ahora os diré cómo es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intervalos, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube, se entrevé más abajo el fondo del despeñadero.

Esta es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas de luces, tiestos con plantas de follaje colgante.

Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite.



Moriana


Vadeado el río, traspuesto el paso, el hombre se encuentra de pronto frente a la ciudad de Moriana, con sus puertas de alabastro transparentes a la luz del sol, sus columnas de coral que sostienen los frontones con incrustaciones de mármol serpentín, sus villas todas de vidrio como acuarios donde nadan las sombras de las bailarinas de escamas plateadas bajo las arañas de luces en forma de medusa. Si no es su primer viaje, el hombre ya sabe que las ciudades como esta tienen un reverso: basta  recorrer un semicírculo y será visible la faz oculta de Moriana, una extensión de chapa oxidada, tela de saco, ejes erizados de clavos, caños negros de hollín, montones de latas, muros ciegos con inscripciones borrosas, chasis de sillas desfondadas, cuerdas que sólo sirven para colgarse de una viga podrida.

Parecería que la ciudad continuara de un lado a otro en una perspectiva que multiplicase su repertorio de imágenes: en realidad no tiene espesor, consiste sólo en un anverso y un reverso, como una hoja de papel, con una figura a un lado y otra al otro que no pueden despegarse ni mirarse.



Opiniones personales:


Octavia:

El autor capta inmediatamente la atención en la primera frase, utilizando un estilo informal, refiriéndose directamente al lector como si de una charla se tratara. Enseguida da paso a la descripción y esta es una parte que me ha llamado especialmente la atención. Consigue, en efecto, que sea un texto descriptivo en toda regla, sin puntos de vista del narrador, y sin intercalar sentimientos u otras emociones. Es un texto puramente descriptivo y sin embargo, ni peca de aburrido, ni de excesivamente decorado. El que el autor haya conseguido que lentamente, con cada palabra que leas, vayas haciendo un recorrido por Octavia, que tu mente pueda verla con total claridad y con todos los detalles, y no resulte pesado ni te llegue a parecer, como lector, que se ha llegado a sobrepasar con los detalles, es fantástico.

Me ha gustado muchísimo este relato en especial. Ha sido de los dos el que más me ha llamado la atención y en el que mejor me he podido introducir. Además, es curioso que justo antes de abrirlo por primera vez (hace tiempo, ya), estaba pensando en repetir el ejercicio de describir una ciudad, solamente que esta vez quería que fuera una especie de urbe boca abajo, en la cual todo estuviera al revés y quizá encontré cierta semejanza entre mi idea y Octavia.
También hay que hacer una mención especial a la forma del autor que ha tenido de rematar el texto, con las frases “Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite” que le dan el humor típico del autor.

Moriana:

 Este segundo texto, al igual que el primero, es puramente descriptivo también. Describe con todo detalle ambas partes de la ciudad (que parecían dos Morianas diferentes), desde el brillo y la pureza de la parte “alta”, hasta la parte sucia, desgastada, la parte ¿real? de la otra  Moriana. Sin duda, hay un cambio muy… Brusco no es la palabra, ¿quizá contundente? Es un cambio que no deja indiferente y hace reflexionar al lector sobre las ciudades que él ha visitado o en la cual vive. Quizá no sea tan exagerado como en el caso de Moriana pero… ¿Acaso no pasa lo mismo en todas las ciudades? Sin duda, el contraste es un buen punto a favor del autor.
Aunque el texto tiene una riqueza narrativa y descriptiva que deleita a cualquiera… Me ha faltado algo. No sabría explicar el qué, quizá se me ha hecho muy corto o esperaba algo más pero me ha resultado predecible. Al acabar de leer, seguía esperando que el autor añadiera algo que me sorprendiera, que hiciera que me entraran ganas de descubrir Moriana más a fondo. Eso sí, esto es puramente mi opinión, así que, igual que a mí me falta ese punto, otro puede encontrar detalles en el texto que se me escapan.
No obstante, he disfrutado mucho de la lectura también. Aunque sea absolutamente descripción, el autor consigue transmitir sensaciones a través del texto; la belleza, fragilidad, la excesiva perfección de la Moriana pura y la crudeza, la tristeza, y nostalgia que cubría a la Moriana real.

En definitiva, dos textos fantásticos y un autor maravilloso también.

Recomiendo plenamente la lectura de Italo Calvino, yo me encuentro leyendo obras suyas ahora mismo.

2 comentarios:

  1. ¡Hola Neta!

    Espero que puedas encontrar algo del autor por allá.
    Muchas gracias por pasarte, un beso <3

    Leonor

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